Hace rato que no escribo en este blog… además quiero rediseñarlo de nuevo. En lo que me doy algo de tiempo les comparto este video, que por ovbias razones me hizo llorar. Este es un ejemplo de la importancia de cumplir promesas, tan importante es que una compañía de seguros como lo es Met Life usa ese concepto para vendernos confianza.
Conozco mucha gente que tiene cientos de cosas que aprender (no exagero) en cuanto a la publicidad o el anunciar su propia marca. La publicidad adecuada no es algo como “venga y llame ahora, nuestras operadoras esperan” y sin embargo muchos sólo se apegan a eso. Pero otros no.
Este comercial argentino vende. Vende una vida y crea la idea de pasarla apegado a una marca de autos que siempre estará. Los autos tienen un cierto target, pero si anuncias toda la marca y no sólo unos modelos buscarás destacar características distintas para cada sector. Sin embargo, eso es un problema, porque los clichés aparecen al por mayor, se complica la trama y se puede caer en un anuncio del tipo “infomercial” muy fácilmente. En este comercial vemos una trama sencilla que ha sido explotada en muchas ocasiones (en México los comerciales de Gansito Marinela y los de Sabritas lo hacen) pero que aun así no deja de crear un lazo emotivo no sólo con los que ya tienen auto, si no con los que piensan comprar uno. Se establece una pregunta con respuesta integrada ¿Qué auto te podría servir específicamente a ti? Déjanos mostrártelo, ¿cual podría ser si no alguno de la marca que te puede acompañar por toda tu vida? El copy al final cierra el cuadro y nos presenta algo que se quedará en nuestra cabeza siempre: “La vida es un viaje” y si es un viaje ¿cómo piensas hacerlo? Me encantó y me sacó dos lágrimas, porque confieso que caí en la trampa de imaginarme en cada situación que se me presenta.

Hace años, 20 o 30, las series de TV para adultos eran cosas como Dallas, Columbo o El Crucero del Amor. Series muy serias, apartadas de toda creatividad imaginativa y dedicadas a explotar la “emoción” del mundo cotidiano. Eran telenovelas de alto presupuesto. Mientras, nuestra generación veía caricaturas. Hoy nuestra generación paga las cuentas y manda a los niños a la escuela, pero no dejamos las caricaturas… los que más “crecieron” sólo las cambiaron por algo más “adulto”. Así nacen los Animés con temas más profundos y complejos; y al transculturisarse con el occidente, esta corriente crea cosas como Robot Chicken. Sátiras, la mayoría de las veces muy ácidas, basadas en hechos cotidianos donde nos burlamos de nuestra sociedad y actitudes, así como de situaciones políticas, todo mezclado con el absurdo.
Esta mañana Alex me envía un correo con la liga del especial de Robot Chicken y Star Wars. No espero que todos compartan las risas que esto me provocó, pero le agradesco mucho a Alex que me lo pasara. Se que a Akire le va a encantar.
La producción corre a cuenta del mismo George Lucas y según IMDB incluso tenemos la voz de Mark Hamill por allí. Esta es una forma fácil de perder el tiempo, pero vamos… es Star Wars.
Actualización: El largo brazo de la ley de la Warner ha movido el video al sitio de Adult Swim. Lo peor es que allí no se ve… ni modo, eso es lo que sucede cuando una gran empresa no entiende a su público ni los medios emergentes.
Hoy Capellán (Daniel D.) inició sin querer una polémica y, yo pienso, infructuosa conversación: lo subliminal dentro de los juegos y caricaturas. Personalmente, como publicista, creativo y diseñador debo decirlo: estoy plenamente convencido de que la “inducción subliminal” es mentira, no existe, es un invento. Sin embargo, muchos creen en eso y es que es muy conveniente tener a la mano la idea de lo subliminal para lo que haga falta, como por ejemplo, criticar a lo que no nos gusta o no entendemos.
El punto es que casi todos en general, no somos capaces ni maduros para decir simplemente “esto produce malos efectos y es preferible evitarlo”, así que nos hacemos “evangelistas” de lo conveniente a nuestro ojo. Muchos sabemos que Explorer es una amenaza, pero como viene en las PC con windows la mayoría no se interesa en mejores opciones como Firefox u Opera y los usuarios de ambos se peléan entre sí para ver quien es mejor. Otra muestra clara es cuando un Fan de Star Wars intenta convencer a un Treakie de que Tusken Riders o los Jawas rulean y los Klingon y Ferengis apestan o cuando surge la típica discusión acerca de quién ganaría en una batalla entre Batman y el Capitán América, Spiderman y Robin o Superman y Thor.
En cuanto a los juegos, es claro, muy claro de verdad, qué juegos son los que están inspirados en actos reprobables (no pienso decir que “son malos” o que promueven la maldad). Por ejemplo, no se necesita estar rodeado por un aura de santidad para entender que “Grand Theft Auto” puede estar haciéndonos insensibles (por lo menos) ante actos criminales reales porque los exhibe a modo de juego (y por lo tanto irreal) de manera clara sin mostrarlos como actos negativos e incluso premia su ejecución. No me gusta culpar a los videojuegos de propagar la maldad por la tierra, porque eso lo hacen bastante bien los padres descuidados y el maltrato infantil, por ejemplo. Sin embargo no se necesita, repito, ser especialmente “santo” para ver lo que un juego puede llegar a exhibir y ver coon ello el grado de descomposición social que vivimos. En resumen, ahora hay juegos que premian la simulación del maltrato, el robo, la prostitución y el crimen.
Pero se puede distinguir entre la realidad y la simulación y ver lo que es bueno y lo que es malo. Tan es así, que en el Super Bowl de este año Coca-Cola puso un spot de un minuto basado en Grand Theft Auto, donde todo cambia por un mundo feliz, pero “cool” gracias a un pequeño cambio de actitud y de conciencia en el personaje central (en este caso, provocado por su interés en la Coca-Cola).
Desde luego, los videojuegos se han metido hasta los tuétanos en nuestra cultura popular universal, representando no un modificador del comportamiento humano, si no un espejo donde nos vemos reflejados todos. Un espejo lacónico a veces y otras lleno de estereotipos, pero más o menos preciso donde hay juegos buenos, juegos malos, juegos éticamente correctos y otros éticamente reprobables (sin contar con los “políticamente” correctos e incorrectos). Aun más, donde hay juegos técnicamente “casi perfectos” y otros técnicamente muy malos o peor… los juegos cristianos, con un contenido éticamente superior en algunos casos (muy contados), pero técnica y dramáticamente malos (incluso ridículos). ¿Hasta cuando seguirán tratando de vendernos juegos de Moisés a 16 bits? ¿El juego de dejados atrás no generó suficiente desconfianza y polémica como para evitarlo y darnos cuenta que aun no sabemos hacer buenos videojuegos los cristianos? ¿O seguiremos dándonos palmaditas en la espalda para decir que “no tan malo” significa “éxito sin precedentes”?
Por eso pienso: ¿Son malos los videojuegos? No, de ninguna manera. Como todo, es malo el que lo usa o diseña con mala intención.
Digo, no se trata de odiar a los Estados Unidos de América, pero creo que, vaya, hay que decirlo: sus políticas y sus actitudes nacionalistas dan mucho que decir. Este video de Michael Moore (en español de España, jejeje) explica con claridad, franqueza y algo de humor la razón de que los americanos tengan ese delirio de persecución tan afamado. Esta historia incluye sus propios grupos terroristas pro-américa. Me lo encontré en el blog de Carlos Leopoldo.



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