Hoy Capellán (Daniel D.) inició sin querer una polémica y, yo pienso, infructuosa conversación: lo subliminal dentro de los juegos y caricaturas. Personalmente, como publicista, creativo y diseñador debo decirlo: estoy plenamente convencido de que la “inducción subliminal” es mentira, no existe, es un invento. Sin embargo, muchos creen en eso y es que es muy conveniente tener a la mano la idea de lo subliminal para lo que haga falta, como por ejemplo, criticar a lo que no nos gusta o no entendemos.
El punto es que casi todos en general, no somos capaces ni maduros para decir simplemente “esto produce malos efectos y es preferible evitarlo”, asà que nos hacemos “evangelistas” de lo conveniente a nuestro ojo. Muchos sabemos que Explorer es una amenaza, pero como viene en las PC con windows la mayorÃa no se interesa en mejores opciones como Firefox u Opera y los usuarios de ambos se peléan entre sà para ver quien es mejor. Otra muestra clara es cuando un Fan de Star Wars intenta convencer a un Treakie de que Tusken Riders o los Jawas rulean y los Klingon y Ferengis apestan o cuando surge la tÃpica discusión acerca de quién ganarÃa en una batalla entre Batman y el Capitán América, Spiderman y Robin o Superman y Thor.
En cuanto a los juegos, es claro, muy claro de verdad, qué juegos son los que están inspirados en actos reprobables (no pienso decir que “son malos” o que promueven la maldad). Por ejemplo, no se necesita estar rodeado por un aura de santidad para entender que “Grand Theft Auto ” puede estar haciéndonos insensibles (por lo menos) ante actos criminales reales porque los exhibe a modo de juego (y por lo tanto irreal ) de manera clara sin mostrarlos como actos negativos e incluso premia su ejecución. No me gusta culpar a los videojuegos de propagar la maldad por la tierra, porque eso lo hacen bastante bien los padres descuidados y el maltrato infantil, por ejemplo. Sin embargo no se necesita, repito, ser especialmente “santo” para ver lo que un juego puede llegar a exhibir y ver coon ello el grado de descomposición social que vivimos. En resumen, ahora hay juegos que premian la simulación del maltrato, el robo, la prostitución y el crimen.
Pero se puede distinguir entre la realidad y la simulación y ver lo que es bueno y lo que es malo. Tan es asÃ, que en el Super Bowl de este año Coca-Cola puso un spot de un minuto basado en Grand Theft Auto, donde todo cambia por un mundo feliz, pero “cool” gracias a un pequeño cambio de actitud y de conciencia en el personaje central (en este caso, provocado por su interés en la Coca-Cola).
Desde luego, los videojuegos se han metido hasta los tuétanos en nuestra cultura popular universal, representando no un modificador del comportamiento humano , si no un espejo donde nos vemos reflejados todos. Un espejo lacónico a veces y otras lleno de estereotipos, pero más o menos preciso donde hay juegos buenos, juegos malos, juegos éticamente correctos y otros éticamente reprobables (sin contar con los “polÃticamente” correctos e incorrectos). Aun más, donde hay juegos técnicamente “casi perfectos” y otros técnicamente muy malos o peor… los juegos cristianos, con un contenido éticamente superior en algunos casos (muy contados), pero técnica y dramáticamente malos (incluso ridÃculos). ¿Hasta cuando seguirán tratando de vendernos juegos de Moisés a 16 bits? ¿El juego de dejados atrás no generó suficiente desconfianza y polémica como para evitarlo y darnos cuenta que aun no sabemos hacer buenos videojuegos los cristianos? ¿O seguiremos dándonos palmaditas en la espalda para decir que “no tan malo” significa “éxito sin precedentes”?
Por eso pienso: ¿Son malos los videojuegos? No, de ninguna manera. Como todo, es malo el que lo usa o diseña con mala intención.