American Idol es un programa de TV dedicado a encontrar estrellas (jejeje, no me voy a reir, no me voy a reir…) en el canto y las artes musicales (mmm… jejejeje… perdón). Un programa que ha bajado de raiting y que es el modelo original de “Operación Triunfo” y “La academia”.
Lo que yo pienso es que es una plataforma consumista, donde abusan de las emociones de un público decadente, conformista y muchas veces vacio, que cree aun que la producción es sincera y busca afanosamente cumplir los sueños de un grupo de jóvenes talentosos. En el proceso, graban y transmiten las audiciones regionales, donde tres jueces descuartizan a los ya de por sí patéticos aspirantes, muchos perdidos en sus sueños y su baja autoestima mezclados peligrosamente.
No basta con decir discretamente “lo siento muchacho, no funcionas en la industria”. Se burlan, les permiten hacer el más grave ridículo posible y lo venden en luces neon: “Next: A ridiculous woman singing like a dog” y suben las audiencias.
Más allá de que alguien se crea lo que venden o haya talentos que serán descubiertos por este medio para hallar nicho en la industria musical de entretenimiento comercial norteamericana, estos extraños especímenes son llevados para ser abusados pública y voluntariamente. Así vemos a Christina Tolissano, una chica que, de tener un poco más de autoestima, no hubiera participado allí.
Christina Tolissano intenta darle originalidad al concurso mostrando orgullosa su frikismo; peinada como Leia y vistiendo con mal gusto echa a perder su aspecto y entra a la boca del lobo. Le falta pulir su talento y no está lista para lucir en un show donde vinculan el éxito con el pulido aspecto superficial de Justin Timberlake, Paris Hillton y Lindsay Lohan. Se burlan y el público rie.
Ser friki no es esto. No es ir al banco vestido de Jedi y pedir un retiro en créditos de la República, no es ir con tu jefe que heredó el negocio de papá y decirle con un movimiento de la mano “quieres duplicar mi sueldo”. Eso es ser un estúpido clon de Jar Jar.
Christina Tolissano es una chica preciosa, se ve realmente bonita. Sin embargo, ¿qué intenta probar? ¿Qué es diferente? ¿Que puede ser auténtica? Eso lo probamos decenas de miles de frikis que no vemos sus miserables shows de carbonita ni para desaburrirnos.
Ahora Christina es una estrella de YouTube. Junto con Edgar Se Cae y el Drunken Jedi será parte de la cultura de la repetición de videos tontos que exponen nuestros momentos más ridículos.
Si tan solo Christina se hubiera quedado en su casa ese día pensando que el mundo no cambiará por el hecho de usar un peinado diferente. Ser friki es cosa de orgullo, pero también de dignidad y no es lo mismo ir vestido de Mandaloriano a una convención o ir con playera de Kill Bill a la iglesia, que ir a la oficina vestido de Wookie.
Via: Pixel y Dixel




Recent Comments