La Bíblia nos dice en el libro de Eclesiastés que todo tiene su tiempo. El tiempo es una dimensión insondable con partes finitas que nosotoros hemos categorizado para poder medirlo. Básicamente el tiempo no se puede medir, pero Salomón determinó con la sabiduría que Dios le dio que todo tiene un lapso de vida y de utilidad. Parto de aquí para añadir algo acerca de lo que comenté en el post anterior acerca de la SGAE (lo saqué a colación por el parecido del nombre con la extensión SAGE de Firefox) y de otras instituciones que “protegen” los derechos de copia y publicación de obras.
Todo comienza así: yo escribo una canción y quiero ganar (legítimamente) algo de dinero con ella, o bien sólo protegerla para que no cualquier bobo que le quiera sacar jugo la use para sus sucios fines (me refiero estrictamente al plagio o a usos indebidos similares). Entonces voy a una institución de gobierno o pública que registre que la canción “Ser como Cristo”, por ejemplo, de Carlos González fue escrita en el año 1996 y que queda registrada a partir del 29 de agosto de 2000 para su protección. Hasta allí todo bien. Ellos se quedan con una copia de la grabación hasta que se enmohesca y se olvide, pero si alguien intenta decir que yo no soy el autor o la graba, le cambia la letra, le copia la melodía o las letras para usarlas en otras obras lucrativas o la usa para fines criminales, entonces yo puedo actuar legalmente en contra. Hasta allí todo bien.



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